La universalidad de la cobertura sanitaria

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El derecho a la salud no es solo nuestro derecho a ser atendidos por un médico o médica. El derecho a la salud abarca tanto la atención sanitaria como los determinantes sociales, económicos y culturales de la salud, entre los que cabe citar la alimentación, el saneamiento, la vivienda, la educación y la igualdad de género; que impactan mucho más en la salud que la propia atención sanitaria, aun siendo esta la parte más tangible.

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Taller de prevención de las infecciones de transmisión sexual en Haiti. @MédicosdelMundo

 

Sagrario Martín
Sagrario Martín
Voluntaria de Médicos del Mundo

La Cobertura Sanitaria Universal (CSU) es un término apropiado desde hace décadas por diferentes actores -entre los que se cuentan el Banco Mundial y la OMS- con el objetivo de asegurar que todas las personas reciban los servicios sanitarios que necesitan, sin tener que pasar penurias financieras.

En origen, el modelo de CSU puede sonar atractivo, pero en su concreción se ha ido centrando en un modelo de aseguramiento universal y muchas iniciativas que tratan de aumentar las tasas de aseguramiento se han unido a la privatización, fragmentación de funciones, verticalización de servicios y segmentación de la población según tipos y espectros de coberturas y servicios. A menudo se ha equiparado CSU a cobertura nominal de aseguramiento, sin incluir la imprescindible unificación de sistemas, apropiación pública, exclusión de sistemas de beneficio/mercado, y enfoque de la equidad.

En las cuatro categorías de análisis del Derecho a la Salud, con frecuencia la CSU prioriza la disponibilidad, pero no asegura la accesibilidad y deja de lado la calidad y la adecuación cultural.

Quienes propugnan el aseguramiento universal como sinónimo de CSU parten de una visión economicista, ya que permite la liberación al mercado de los fondos públicos de salud, lo cual conforma un mercado solvente y un atractivo negocio para el sector financiero. Lo que finalmente se busca es normar el funcionamiento de un mercado de la salud, donde convivan proveedores privados y públicos. Obviamente, ambos participan en desiguales condiciones y esto se traduce en que la población logra el acceso a los servicios según capacidad de pago o nivel socioeconómico.

 

El gran reto es conseguir un abordaje de la salud con sensibilidad cultural, basada en las necesidades y derechos de las personas y que contribuya a disminuir la inequidad y combata la discriminación por las diferencias

 

En este modelo, el Ministerio de Sanidad o su equivalente, queda únicamente limitado al papel de rector y regulador, asegurando reglas claras y estables para un imperfecto mercado de la salud. El modelo de aseguramiento asigna a la población un rol de consumidora pasiva o cliente, con una relación subordinada, infantilizada y dependiente del sistema.

Las Organizaciones de la Sociedad Civil deben ser conscientes de que apoyar el concepto y estrategia actual de CSU puede conducir a derechos fragmentados y menor equidad en salud.

Por ello, en Médicos del Mundo trabajamos y defendemos el desarrollo de sistemas de salud universales, integrales y solidarios. Consideramos estos sistemas como la mejor expresión de la ética, justicia, solidaridad, equidad social y una garantía frente a la desigualdad. La mejor opción desde los enfoques de género y derechos humanos.

El gran reto es conseguir un abordaje de la salud con sensibilidad cultural, basada en las necesidades y derechos de las personas y que contribuya a disminuir la inequidad y combata la discriminación por las diferencias. Un sistema donde la ciudadanía no es receptora pasiva, sino que tiene un papel activo, con voz y voto mediante su incorporación a los procesos como coproductores de salud.

El modelo de sistemas universales de salud no basados en aseguramiento parte de la desmercantilización del ámbito de la salud y del papel redistributivo del Estado. Toma como punto de partida la salud como derecho humano exigible y la responsabilidad del Estado y se sustenta en servicios públicos para, de esa forma, garantizar el acceso universal oportuno y gratuito de toda la población, lo que reduce el gasto de bolsillo de las familias y por lo tanto el riesgo de empobrecimiento.

Aportan la ventaja de que pueden partir de una planificación estratégica y nacional y, dado su carácter público, construirse con base a necesidades de salud. Sin olvidarnos de la tensión entre la definición de necesidades y la sobre-medicalización relacionada con la patologización de la vida, que entra dentro de los intereses de la industria farmacéutica y sanitaria y que puede poner en jaque a los ministerios de salud.

Maternidad del Hospital de Bor, en Sudán
La matrona Beatruz Saboya escucha los latidos del bebé en la Maternidad del Hospital de Bor, en Sudán del Sur. @MédicosdelMundo

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