Tribuna

Una necesidad cierta

/ Por

El casi recién estrenado ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, proclamaba hace unos días en un foro en Madrid su objetivo de que la oficina de farmacia se “incorpore al sistema como un agente pleno del SNS, porque está infrautilizada”.

Francisco Fernández
Francisco Fernández
Director de Correo Farmaceútico

La noticia no está tanto en la afirmación en sí como en la confirmación de que, pese al cambio en el Ministerio, el planteamiento básico de definir un nuevo rol de la farmacia en la sanidad se mantiene, asimilado ya como un reto más en política sanitaria, tal como establece el pacto firmado entre el anterior equipo ministerial y el Consejo de Colegios de Farmacéuticos en 2013.

Este documento habla de trabajar sobre la “aportación del farmacéutico como agente activo al SNS”, y vincula esta idea no sólo al fármaco, sino al papel como un actor más en el “objetivo de implementar una atención sociosanitaria integral y accesible”. Y esto apoyado en la idea de que el SNS no sólo ha de orientarse a dar prestaciones sanitarias, sino a prevenir.

La hoja de ruta que se plantea en el citado documento es el diseño de un plan estratégico de la farmacia comunitaria, en el que los colegios han trabajado a lo largo de 2014, y que ha de apoyarse en conceptos como el de “farmacia asistencial” y atención a la cronicidad, “continuidad asistencial” y “trabajo integrado con el resto de profesionales sanitarios”.

La fortaleza de estos planteamientos trasciende la coyuntura política y hasta el esfuerzo notable de quienes los defienden. Se asienta sobre la transformación obligada de los sistemas sanitarios, tanto en España como en el resto de países avanzados. El modelo creado tras la Segunda Guerra Mundial, orientado a la atención de pacientes agudos, afronta el doble reto de la cronicidad (producto de los avances en sanidad) y de la sostenibilidad (producto de la suma del envejecimiento poblacional y las exigencias de calidad y acceso a tecnologías sanitarias que se han ido imponiendo bajo el modelo de Estado de Bienestar).

Ese modelo de bienestar no se acaba en la atención a las patologías cuando llegan. Ya lo advertía en los años 70 el llamado Informe Lalonde, en Canadá. Es algo más complejo, que trasciende lo estrictamente sanitario, y que responde a medidas cuya intersección se halla en conceptos como la prevención y el autocuidado. El consejero de Sanidad de Cataluña, Boi Ruiz, lo glosaba hace algún tiempo en la Real Academia Nacional de Medicina, donde denunció el error de seguir trabajando con un “sistema reactivo ante una política sanitaria inexistente”.

Así pues, de un lado se consolida un concepto más global de la atención sanitaria. De otro, crece el reto de la sostenibilidad, que obliga a una revisión de esquemas orientada a la racionalización de la inversión en sanidad, y que exige a los gestores buscar la eficiencia y aprovechar todos los recursos que puedan contribuir a ella. En medio de ambos se asienta la oportunidad para que la farmacia asuma un papel de mayor protagonismo en la sanidad.

Con respecto al medicamento, hay mucho terreno por mejorar en materia de uso racional, entendido éste como un uso adecuado del fármaco (por quien lo necesita, cuando lo necesita y durante el tiempo que lo necesita), y el farmacéutico está en disposición de contribuir a ello con un papel protagonista, potenciando los resultados a través del seguimiento farmacoterapéutico. Todo esto multiplicado por el valor aún mayor que tiene el medicamento en una sanidad de enfermos crónicos, muchos de ellos ancianos y polimedicados, en los que usar bien o no un fármaco condicionará el control de su enfermedad.

Con respecto a la educación para la salud y la prevención, cruciales para la sostenibilidad de un sistema sanitario moderno con los niveles de calidad que hoy se le exigen, la red de farmacias, con la capilaridad que tiene en España, puede ser, con los medios, la formación y los objetivos necesarios, el brazo que permita al sistema acercarse más a la población, salir de los hospitales y entrar más profundamente en la comunidad.

Un documento firmado en 2011 por la Federación Internacional Farmacéutica y la Organización Mundial de la Salud lo resumía con precisión: los farmacéuticos, “como profesionales sanitarios, juegan un papel importante en el acceso al cuidado de la salud y cerrando el agujero que hay entre los potenciales beneficios de los medicamentos y la eficacia que realmente se logra, y deberían ser parte de todo sistema de salud”.

No son pocas las dificultades. Pero las necesidades son reales y el camino está en buena medida definido. Por eso merece la pena apoyar a la Farmacia y animarla a que persevere en ganarse su nuevo papel.

Nos interesa tu opinión. ¿Quieres escribir el primer comentario?

avatar
500