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Una médico de Familia con un folio en la mano. La historia de la Atención Primaria

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Un jueves de abril y una sala de espera llena. Adolescentes y personas con más o menos años ocupan su asiento mirando de forma intermitente su reloj, leyendo el periódico o viendo el móvil; otras, simplemente, tienen la mirada perdida o hablan con la persona de al lado. En los pasillos, la gente no para de pasar, algunos despistados, otros decididos y dirigidos a la fila de sillas donde deben ocupar su espacio.

Día Nacional de la Atención Primaria
María Vargas Tabuenca
María Vargas Tabuenca
Responsable de Comunicación de SEMERGEN

Todos esperan esperanzadamente que una puerta se abra, salga una persona con un folio en la mano y diga su nombre en voz alta y clara. Cada vez que esa puerta se abre, las cabezas se alzan al ritmo de una coreografía ensayada. Si su nombre no es el elegido, los cuerpos vuelven a su posición original, se remueven en su asiento, giran la muñeca para consultar de nuevo el reloj y producen un ligero suspiro.

Cambiamos la perspectiva. Al otro lado de la puerta, esa persona con el folio en la mano, se llama Ana. Ana siempre supo cuál era su vocación desde pequeña; su padre le había ayudado en eso. Una enfermedad crónica, que luego había evolucionado en otras más complejas, le había enseñado la importancia de la salud y de la gestión de la enfermedad. Muchas visitas a los centros de salud acompañando a su padre le habían servido aún más para saber qué especialidad médica quería elegir. Tras seis años de carrera y un complejo examen MIR, Ana consiguió una plaza en Medicina de Familia.

Ana, en este jueves de abril, lleva desde las 7.30 en consulta. Ha echado un ojo a la lista de pacientes y en ella aparecen 43 nombres y apellidos completos. Eso es hoy, porque otros días, según las épocas del año y las enfermedades estacionales, el número de pacientes puede ascender a 50 o 55. A siete minutos por paciente, Ana tiene que ser verdaderamente rápida para controlar o diagnosticar la enfermedad del paciente, recetar el tratamiento correspondiente y, a la vez, ser cercana y empática con él. La Medicina de Familia, la Medicina de las Personas, la llaman.

El contacto con las personas, el poder ayudarles en su enfermedad, y el ser partícipe y parte activa de la mejoría de su salud pesa más que cualquier otro aspecto negativo de la profesión

De todas las consultas que se producen en un centro de salud, Ana, por su capacitación profesional, puede resolver alrededor del 90% de ellas. Sin embargo, resulta frustrante que no siempre pueda diagnosticar con rapidez y eficacia ya que los médicos de Familia no suelen tener acceso a pruebas complementarias como son la ecografía, la radiografía o la endoscopia. Enfermedades que en cinco minutos podrían ser diagnosticadas, tardan hasta seis meses o más porque el centro de salud no cuenta, por ejemplo, con un ecógrafo.

Además, Ana, desde que terminó su residencia, no consigue un contrato laboral fijo. Suplencias de tres días, otras de 10 o 40 días es a lo que suele optar. “Cuando te toca una baja maternal”, como ella dice, “es un verdadero lujo”. Los años de la crisis fueron muy duros, especialmente para Atención Primaria, ya que los presupuestos se recortaron tanto que resulta difícil que se contrate a personal fijo o hasta que se contrate suplentes. Ana se enfrenta a cada mes sin saber dónde ni cuánto trabajará. Le resulta especialmente difícil pagar el alquiler de su casa porque la hipoteca, ni se la plantea. Carlos, también médico de Familia y desde hace unos meses su expareja, se fue a vivir al extranjero por todas las dificultades que estaba teniendo para encontrar trabajo, y por la constante falta de reconocimiento profesional.

Y qué contar de otros ámbitos como son la formación continuada o la investigación. Ana, cuando llega la tarde-noche, se pone a estudiar los últimos estudios científicos y se dedica a analizar los resultados del proyecto de investigación que está llevando a cabo. Además, este fin de semana tiene un congreso sobre diabetes que le ocupará todo el fin de semana.

Así que, cuando esa voz no diga tu nombre, cuando vaya pasando el tiempo (…) recuerda que, quizás solo haya un profesional dando lo mejor de sí mismo con cada paciente.

Bien es sabido por todos que la Medicina es un área de conocimiento en constante evolución, que requiere de una actualización de conocimientos para poder ofrecer a los pacientes, a las personas, en definitiva, la mejor práctica asistencial. Unas áreas que siempre tiene que venir a cargo del tiempo personal del médico, ya que el Sistema Nacional de Salud solo reconoce seis días de formación al año. Cursos, talleres, seminarios, congresos… Todo ese tiempo invertido es tiempo que el médico de Familia se lo quita a su vida personal por su vocación de servicio público.

Sin embargo, todas las dificultades que se va encontrando por el camino no son suficientes para Ana. “Llega el final del día y me siento feliz. El contacto con las personas, el poder ayudarles en su enfermedad, y el ser partícipe y parte activa de la mejoría de su salud pesa más que cualquier otro aspecto negativo de la profesión. Mi vocación, mi vocación…”.

Por ello, hoy no es un jueves de abril cualquiera. Hoy es jueves 12 de abril, Día Nacional de la Atención Primaria en España. Una jornada en la que la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) estará presente reivindicando las mejoras de los médicos de Familia para que, médicos como Ana o como tu médico de cabecera, puedan desarrollar una vida profesional y personal de calidad y basada en el reconocimiento.

Así que, cuando esa voz no diga tu nombre, cuando vaya pasando el tiempo y sigas estando sentado en esa silla mirando el reloj impaciente, recuerda que, quizás, haya algo más complejo que una espera. Quizás solo haya un profesional dando lo mejor de sí mismo con cada paciente.

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Pilar
Pilar

Emicionante y realista relato. Como pacientes tenemos la OBLIGACIÓN de cuidar, respetar, valorar y defender a nuestros médicos. Somos personas, ellos nos cuidan, seamos justos y ayudemos a que ocupen su lugar.