La farmacia rural frente a la crisis de la COVID-19

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A raíz de la crisis sanitaria, la farmacia rural ha tenido que adaptarse de manera inmediata a esta nueva situación con dos objetivos fundamentales: en primer lugar, mantener el suministro de medicamentos a toda la población y, en segundo lugar, proteger frente al virus a nuestros pacientes, y a nuestros equipos. En la mayoría de las pequeñas farmacias rurales hay sólo un farmacéutico, si nos contagiábamos, nuestros vecinos y los de los pueblos de alrededor se quedarían sin atención farmacéutica.

Papel de la farmacia rural en la crisis de la COVID-19
Olivia Martínez Monge
Olivia Martínez Monge
Farmacéutica rural y vicepresidenta segunda de SEFAR

Desde principios de marzo, la mayoría de las farmacias rurales ha creado protocolos de trabajo junto al equipo de Atención Primaria para evitar al máximo desplazamientos de pacientes, y colapsos de las líneas de teléfono del centro de salud. A su vez, hemos trabajado de manera coordinada con los ayuntamientos para proteger a la población más vulnerable.

La comunicación y colaboración del equipo asistencial del paciente, se ha visto reforzada en estos meses. Nuestras farmacias han sido el punto de enlace entre el paciente y Atención Primaria. Una vez más, se ha demostrado la accesibilidad y cercanía con el paciente, atendiendo sus necesidades sin cita previa. Hemos ofrecido educación sanitaria, asesorado a los pacientes y contribuido a disminuir la presión en los centros de salud.

 

“Muchos de los cambios que se han visto en Atención Primaria están aquí para quedarse y los farmacéuticos rurales debemos afianzarnos en nuestra posición, somos los profesionales del medicamento, accesibles y esenciales”.

 

La farmacia ha actuado como ‘muro de contención’ para evitar el contagio y a la vez se ha acentuado su lado más cercano y humano. Esta crisis ha vuelto a demostrar la labor del farmacéutico rural como único profesional sanitario en muchos municipios. Mientras el equipo de atención primaria reducía o eliminaba las consultas presenciales, en la farmacia rural hemos adaptado nuestros locales para poder seguir prestando la atención farmacéutica con las mejores garantías sanitarias y evitando poner en riesgo a nuestros pacientes.

Nuestra jornada laborar se ha visto ampliada con desplazamientos al centro médico a recoger recetas, informes o partes de baja y, en algunos casos, llevando las medicinas a nuestros pacientes más vulnerables. Si bien se nos ofreció ayuda desde otras instituciones, somos muchos los que pensábamos que era más tranquilizador para el paciente ver a su farmacéutico de confianza y poder resolver cualquier duda relacionada con el medicamento y logísticamente resultaba mucho más sencillo.

Muchos de los cambios que se han visto en Atención Primaria están aquí para quedarse y los farmacéuticos rurales debemos afianzarnos en nuestra posición, somos los profesionales del medicamento, accesibles y esenciales.

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